Mostrando entradas con la etiqueta Mientras paseo.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mientras paseo.... Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de octubre de 2012

Seguimos subiendo...

 
(Uno de los caballos que se nos acercó mientras subíamos)


Hace quince días fuimos a la cruz de Ganalto, conocido también como "Gorbea Txiki". Se le llama así por la cruz que tiene que recuerda al Gorbea, pero es mucho más sencillo de subir, y las vistas también son espectaculares.
 
 (Mientras subíamos)

No tardamos más de una hora en la subida y aún menos en la bajada.

En el camino nos encontramos con caballos que se nos acercaban por si les echábamos algo de comer. Más adelante vimos un grupo de vacas que comían tranquilamente, sin inmutarse por el paso de la gente. Están acostumbradas a los montañeros, ahí mucho respeto con respecto al lugar y a los animales que se ven en el recorrido.

 
Los caminos están limpios, no se ven ni papeles ni nada que altere el paisaje con suciedad que no sea lo que hacen de manera  natural  los animales.


En el País Vasco hay mucha aficción al montañismo, por lo que es corriente ver esquelas dedicada a algún montañero, donde han esparcido allí mismo las cenizas y le hacen un pequeño homenaje.


(Esto es lo que ponía:“Un día el valle te vio nacer y como tú quisiste desde aquí lo verás crecer”)


El buzón es muy original. Anduvimos investigando para saber cómo se habría y lo conseguimos, era a través de una palanca que ahí justo debajo.
 

 (El Buzón en la cima)
 
--------------------------------------------------------------------

 
(Durante la subida...)
 
El pasado sábado la subida al monte fue bastante durilla.
Dejamos el coche en Larraitz, un lugar precioso de Gipuzkoa.
Allí tomamos algo para coger fuerzas y empezamos nuestra nueva hazaña.
 
Mi hijo ya se ha acostumbrado al cambio de rutina de los sábados y nada más salir del portal tira hacia al coche, ve la mochila y sabe que vamos al monte.
En el coche suele dormirse, como preparándose para el esfuerzo que le espera.
 
La primera parte de la subida la hace en silencio, mirando hacia donde vamos para orientarse. Cuando ve que se acerca la cima es cuando se anima y empieza con los gritos y las palmas. Eso sí, si llegamos a una cima y queremos avanzar más ya no nos deja, pues él piensa que ya es suficiente. Y eso nos sucedió en este monte, que nos hubiera gustado haber ido hasta el Txindoki pero era ya bastante duro lo hecho hasta el momento y no quisimos forzar más.
Esta vez nos conformamos con Llegar a la falda del Larrunari.
En otro momento iremos al Txindoki, pero sin él, ya que la subida final es bastante dura.
 
 
(Mi hijo subiendo con paso ágil, pero sin soltarse de la mano...)


 

 
(En la falda donde ya nos sentamos a comer y prepararnos para la bajada....)
 
 
Esta vez entre subir y bajar tardamos más de tres horas.
 
 
(En la cima...)

 
La bajada fue más rápida que la subida pero no por ello sencilla, ya que la pendiente era acusada en algunos tramos y con las piedras había que tener cuidado para no resbalar y caer.
 
 
(Mientras bajábamos...)

En el recorrido vimos bastantes caballos, ovejas y vacas.
 

A la bajada vimos una vaca que estaba echada muy tranquila cerca del camino. Le costaba respirar, pero no porque estuviera mal, si no porque iba a parir y estaba dilatando. Seguramente que en unas horas tendría al ternero, sola probablemente, ya que están acostumbradas.


Me ha recordado cuando fui a vivir al caserío que se ayudaba a que las vacas parieran para que sufrieran menos y fuera más sencillo.

Yo, en más de una ocasión, ayudé a tirar de la cuerda que le ponían al ternero en las patas, luego me quedaba allí hasta que veía cómo cabeceaba el ternero, los intentos por levantarse y que se caía a menudo, pero no dejaba en su empeño hasta que conseguía ponerse en pie y luego iba en busca de su madre para mamar y ésta aprovechaba para lamerle y limpiarle de los restos del parto.

En el trayecto vimos una fuente con grifo, el agua venía de las montañas y era fresca, por lo que los tres bebimos.

 Esta subida ha sido dura, pero mereció la pena, tanto por los paisajes como por el ejercicio realizado que nos ayuda a oxigenarnos y a disfrutar de ese lugar tan precioso.
 

Cada vez me gustan más estas salidas y viendo que mi hijo disfruta y le viene bien, me hace mayor ilusión por ver su cara de alegría, sobre todo cuando llegamos al merendero y cómo espera ansioso su bocadillo de tortilla que tanto le gusta.
 

Dentro de quince días pensaremos en otro monte, aquí hay muchos y tenemos para elegir.

Decidiremos en función del tiempo, cogeremos nuestra mochila, prepararemos el bocata y adelante con otra nueva aventura.
 






uxue

 

 

martes, 4 de septiembre de 2012

Subida al Gorbea. Un cambio en la rutina...


(Foto sacada en ese día, durante la bajada)

Se acaba el verano. Un verano que nos ha servido para descansar y  recargar las pilas. Un verano tranquilo y sorprendente. 
Mi hijo vino el viernes de las colonias,  ayer empezó en el Centro de Día y ya retomamos nuestros paseos con normalidad.
En esta nueva etapa quería hacer algo diferente, sobre todo los fines de semana, quería cambiar la rutina de los paseos, tanto de lugar como de tiempo de recorrido.
Mi compañero de paseos anda muy bien, tiene mucho aguante y le relaja mucho el caminar al aire libre. Así que lo comenté con un amigo que nos acompañó y nos animamos a este nuevo cambio.
Para mí sola es más complicado sobre todo en distancias largas, pero yendo con otra persona se reparte la fuerza y responsabilidad.
Conocía el monte Gorbea, un lugar precioso que merece la pena visitar. Había ido en más de una ocasión, pero nunca llegué hasta la cruz del monte,  y tenía muchas ganas de ir allí.
Tenía dudas de si mi hijo aceptaría el cambio, pues está tan acostumbrado a su rutina, la cual le da seguridad, que pensé no me dejara realizarlo.
Previendo una posible rebeldía suya, lo que hicimos fue dejar el coche justo al lado del portal, para que al salir a la calle no tuviera opción de ir a otro lado.
Al principio se resistió un poco, pero al ver el coche y montar en él  aceptó, aunque es cierto que estaba desconcertado, se le notaba en la cara por la forma de mirar a todo, sin hacer ruido e intentando encontrar algo que se le hiciera conocido para poder orientarse y saber a dónde íbamos.

Partimos hacia nuestra aventura de ese día. Llevábamos la comida, el camino sería largo y no daba tiempo a volver a casa para comer.
Fuimos hasta un pueblo llamado “Pagomakurre”, allí dejamos el coche, no se podía avanzar más en vehículo, y, mochila encima,  empezamos a subir poco a poco.
Hacía fresquito, aunque de vez en cuando salía el sol que calentaba y nos tentaba a  quitarnos el jersey, pero cuando pasábamos un buen trayecto se escondía entre las nubes y el viento del norte nos obligaba a abrigarnos de nuevo.
Mi hijo seguía algo indeciso, poco a poco empezó a reconocer el lugar, pues había ido con su padre en más de una ocasión, y aumentó la velocidad de su paso acompañado de ruidos y palmas. Los demás paseantes miraban hacía atrás sorprendidos por el ruido y luego retomaban su recorrido.
Ambos íbamos de la  mano como en los paseos diarios, la subida se hacía bastante dura pero se podía avanzar sin agobios.



(Foto sacada de Internet)

Cuando empezaba la parte más dura y con mayor desnivel nos sentamos a descansar un rato, comer algo de fruta y chocolate para reponer fuerzas, ya que nos harían falta para el último tramo, el más duro, la subida a la Cruz,  de casi una hora y con bastante pendiente.
Estábamos subiendo cuando mi hijo empujaba de la mano para que fuéramos por otro camino, más empedrado y con mayor pendiente.
Yo pensé que estaba cansado y no quería subir, pero que va, lo que quería era ir por ese lado, desde allí veía  a la gente subir a la cruz del Gorbea. Quisimos cambiarle el camino pero se sentaba y no nos dejaba hacerlo. Así que decidimos ir por donde él decía.
Imagino que cuando fue anteriormente a ese lugar iría por ese tramo, que era menos transitado,  porque estaba seguro de hacia donde tirar.
La subida se hizo dura, el tirar de la mano de él y  cuidar que no nos cayéramos, aumentaba la dificultad.

Al final llegamos a la cruz. Un lugar precioso con una vista espectacular.  Allí hacía un aire fuerte y muy fresco.


(Cuando llegamos a la cruz)



Nada más llegar a la cima mi hijo se sentó en la piedra, contento de su nueva hazaña, un reto logrado con esfuerzo y muchas ganas. Hicimos algunas fotos y pronto emprendimos la bajada, porque el aire frío se metía muy adentro.


Si la subida fue dura en cuanto la dificultad, la bajada para mí fue mucho peor. Mi hijo nos  daba la mano a los dos para mayor seguridad. Ellos tiraban por delante y a mí me costaba seguirles. Le decía a mi hijo que me soltara para ir a mi ritmo, pero nada, se empeñaba en colocarse en el medio y bajar los tres a la vez. En algunos tramos quería bajar por donde subimos, aunque aquí sí que logramos encauzar su camino, ya que la pendiente de bajada en el otro lado era peor, sobre todo yendo de la mano con él. Él bajaba con rapidez, por lo que intentábamos no caernos, tarea nada fácil en ese lugar y a esa velocidad.

(Mientras bajábamos)

Cuando llegamos nos sentamos en un lugar con mesas y las vacas como compañeras, pues estaban justo al lado, aunque con los ruidos de mi hijo se asustaron y alejaron de nosotros, pero no muy lejos del lugar.


(En el merendero)

Después de comer fuimos a tomar un helado y a casa, a refrescarnos y descansar,  por ese día había sido suficiente.

Entre la subida y bajada tardamos unas cinco horas. Se puede hacer en menos tiempo, pero lo tomamos sin agobios y descansamos en un par de veces para tomar algo.

Ya sabiendo que puedo cambiarle la rutina a mi compañero lo haré en más ocasiones. Nos cansaremos más, pero merecerá la pena por conocer nuevos sitios como este maravilloso lugar.

(Foto sacada de Internet)


Todos disfrutamos del paseo, tanto del paisaje tan maravilloso como de la compañía.

Han pasado tres días y aún tengo agujetas sobre todo por la bajada, de tanto contener las piernas para no caerme. Pero ha merecido la pena. Seguiré yendo al monte y poco a poco mi cuerpo se adaptará a este cambio. El aire del monte me ayuda a respirar mejor, el andar me relaja mucho, haciéndome sentir muy bien.

Mi hijo ha disfrutado mucho del paseo y le ha venido genial, como a nosotros. Lo volveré hacer más a menudo.  Unas veces con él y otras veces con unos amigos y por otros lugares que con mi hijo sería más difícil de subir.

Tengo la suerte de vivir en un lugar privilegiado, rodeado de montañas. Me gusta pasear y disfrutarlo. Es cuestión de animarse, ponerse unas botas, ropa cómoda y con la mochila y mucha ilusión salir a caminar, sintiendo el aire en la cara y poder admirar un paisaje espectacular, en toda su inmensidad y belleza.

uxue...

(Video sacado  de Internet)
El monte Gorbea es la cumbre más alta del macizo montañoso del mismo nombre, situado en los montes vascos, a caballo entre las provincias de  Alava y Vizcaya en el País Vasco. Tiene una altura de 1.482 metros y su cima está coronada desde 1899 por una cruz metálica, de la que ha habido diferentes versiones. La actual es de 17,23 metros de altura. Es un tradicional punto de referencia del montañismo vasco y corazón del Parque Natural del Gorbea

domingo, 13 de mayo de 2012

Resumiendo...

Hoy, el  paseo ha sido tranquilo y agradable.
Después de varios días de fuerte calor, el día se ha levantado fresquito y la  suave llovizna que caía sobre nosotros refrescaba el ambiente.


Aunque llevaba el paraguas no lo abrí, no era mucho lo que caía, y deseaba sentir el agua que me espabilaba y despejaba de tanto bochorno de la semana. 
Mi compañero de paseo parecía que agradecía también la lluvia, pues estaba contento, andaba  a buen ritmo, con ganas y mucho ánimo.


(Parada obligatoria de  mi acompañante  para refrescarse en la fuente...)

Al dar las 12 campanadas  de ayer sábado los dantzaris se prepararon y salieron a la calle al ritmo del txistu, anunciando el comienzo de las fiestas patronales.
Primero hacen  pasacalles por todo el pueblo. La  gente del lugar se les van sumando, hasta llegar al ayuntamiento donde empiezan los bailes. Primero bailan los chicos  y luego las chicas.
Mi hijo mediano es uno de los dantzaris, a él le levantan en vilo entre los demás  en el último baile, manteniéndole arriba mientras se mueven al ritmo de la música.  Lo hacen con seguridad y fuerza, luego le bajan despacio, para terminar el baile quedándose en el sitio de partida.
Me encanta la ezpata-dantza, siempre que puedo la veo. Sobre todo cuando baila mi hijo,  que me quedo admirada viendo cómo se mueve y qué soltura tiene en el baile.



 Por la tarde ha salido del sol y animaba más a caminar.


Cuando enciendo la radio   suena  una canción de un gran cantautor  que me gusta mucho. 
Ello  me ha dado pie a escuchar de nuevo su música cuando he llegado a casa.
Ahora, en  este momento, elijo una al azar,  que desconocía y me ha gustado: “Resumiendo”...

A pesar del día gris, predomina el  ambiente festivo, que seguirá durante la semana con diversas actividades, entretenimiento para los más pequeños y romería para el fin de semana.

 uxue...






Resumiendo, que tengo un cajón de la firma Pandora,
treinta y siete chansons, c’est a dire, una y media por hora,
sin contar los sonetos, las coplas, los epistolarios,
los tinteros borrachos de tinta que ordeño a diario.
 
Nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos,
cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos,
pero todo se acaba, ya es hora de decirte ciao,
me ha citado la luna en Corrientes esquina Callao.
 
Resumiendo,
sabes dónde estoy,
resumiendo,
si me llamas voy,
resumiendo,
no me hagas hablar.
 
Resumiendo, esto no es un arreglo floral por tu santo,
solo sombras que en noches de insomnio me alfombran el canto,
sobre nuestras cabezas silbaban calumnias, payolas,
mano a mano las fuimos driblando a puertita gayola.
 
Hace siglos que quiero enviarte palomas de humo,
antes de que carcoma el invierno la culpa que asumo,
ten a bien recibir de mi parte un abrazo de amigo,
cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo.
 
Resumiendo,
sin voto y sin voz,
resumiendo,
que se pasa el arroz,
resumiendo,
dos bises y amén.
 
Resumiendo que tengo un cajón de la firma Pandora…
 
Resumiendo,
que te tengo ley,
resumiendo,
y nos dieron las seis,
resumiendo,
sin exagerar.
 
Una noche te vimos con Tola bajar la escalera,
yo rompía una copa y Javier destrozaba la hoguera.
 
Resumiendo,
Que me grita el escenario ven,
resumiendo,
pido un empujón, no te das cuen,
resumiendo,
que vomito con la televisión,
resumiendo,
me hace falta un polvo un buen rock and roll,
resumiendo,
nos veremos cuando se ponga el sol…

 
(Joaquin Sabina
Resumiendo...) 

domingo, 25 de marzo de 2012

Una época sin retorno...




Hoy el día se ha levantado claro y caluroso.
El viento del sur animaba a pasear y disfrutar mejor del paisaje.

El suelo estaba amarillo debido al polvillo primaveral que se forma con el aire y el polen de las plantas. A veces cuesta un poco respirar cuando es fuerte, pues se te mete dentro sin darte cuenta.

Sobraban las chaquetas, daba gusto sentir el sol en la cara. No he querido ponerme las gafas porque deseaba sentirlo y ver bien todo lo que me rodeaba.

Mi acompañante iba contento,  daba saltos de vez en cuando y no paraba de gritar y sonreír.
En un tramo del paseo hemos pasado por un prado de ovejas, ahí él ha dado un grito y los corderitos pequeños se han asustado y han ido corriendo al cobijo de sus madres. De paso han aprovechado para beber un poco de leche.

En el recorrido he puesto  música en euskera, música tranquila y que a uno le transporta en sus pensamientos a otro lugar, a otro momento.

Mientras escuchaba esta canción pensaba  en esa época sin retorno, plagada de ilusiones. Recordaba cuando vine aquí y escuchaba esa música por primera vez.  ¡Hace tantos años de ello!,  

Y me hecho una pregunta…

Si ahora volviera a ese momento. Habiendo vivido lo que he vivido  y sabiendo lo que sé ahora…

¿Habría  tomado las mismas decisiones?

¿Qué habría hecho entonces?


Si no hubiera tomado algunas decisiones seguramente ahora sería diferente...pero ¿habría sido mejor?

No tengo respuesta para ello…



Somos los que somos por nuestros errores y nuestros aciertos.

uxue



domingo, 6 de noviembre de 2011

Menudo diluvio!!




Este fin de semana los paseos han sido pasados por agua.
Ya habían anunciado que llovería mucho y este lugar estaba en alerta naranja por lluvias y viento.
Pero…, con lluvias, con nieve, con granizo,…el paseo es obligatorio.
Ayer llovió bastante en la vuelta de la mañana y tarde, pero tuvimos suerte y apenas nos mojamos, pues lo hacía con insistencia pero sin aire. Hoy por la mañana ha llovido  más fuerte y nos hemos mojado algo más, sobre todo por el aire que se iba intensificando.
Lo peor ha sido hoy por la tarde. El paseo parecía un camino inundado. En algunas zonas, sobre todo por el parque donde hay bastantes árboles, los desagües estaban atascados con las hojas y la gran cantidad de agua que caía por metro cuadrado, no daban a basto, por lo que se han formado  pequeños riachuelos en el camino. No había forma de esquivarlos, nos llegaba hasta los tobillos y ya desde el principio el agua llegó a formar parte de nosotros.
A la ida el aire soplaba con fuerza dándonos de frente, daba igual que lleváramos paraguas, el aire hacía que la lluvia nos pegara en la cara y nos mojaba enteritos.
El río que dejábamos a nuestra derecha estaba a tope, con ganas de sobrepasar el poco trecho que le quedaba para invadir el camino.
Durante el recorrido apenas hemos visto gente que se animara a caminar debajo de la lluvia, sólo ha pasado una pareja joven con dos perros, uno de ellos iba con un chubasquero azul de niño, estaba gracioso….aunque como dice el refrán “ande yo caliente, ríase la gente”

Nuestros paseos diarios son siempre iguales en recorrido, duran cerca de la hora y es como un circuito, así no volvemos sobre el camino andado y es más ameno. Pero en ese trayecto hay dos zonas que pasamos dos veces, son el primer y último tramo. El en primer tramo el aire iba de frente, pero a la vuelta el aire nos pegaba con fuerza por la espalda bajando hasta las piernas, sin dejar de caernos agua,…así que nos ha dejado empapaditos completamente.
En algunas zonas del recorrido a mi compañero le gusta tocar  las palmas  acompañadas de un salto enérgico. El problema de hoy es que había charcos, así que cuando ha bajado un escalón de la acera ha dado el salto con fuerza y si había alguna zona seca de nuestro cuerpo ya se ha mojado del todo.  Estaba tan mojada que casi no noté esa esa pequeña cascada de agua que me subió con ese salto.

Mientras paseo suelo poner la radio y escucho música, entrevistas o noticias. Hoy escuchaba una emisora local de Bilbao, la locutora nos recomendaba a los oyentes que con un día como hoy lo mejor era estar en casita,  bien resguardados y disfrutando de la tranquilidad del hogar…yo me reía cuando lo escuchaba y le decía a mi acompañante que eso no tenía que ver con nosotros,…nosotros somos especiales, diferentes, tercos,…Y no hay lluvia que nos haga quedarnos en casa…Bueno, yo me quedaría en casita al calorcito en un día como hoy, pero él no aceptaría ese trato, así que lo mejor es hacer lo de siempre y no tentarle a la suerte.
Por lo menos no se ha roto el paraguas, y eso ha sido un triunfo…

Cuando hemos llegado uno de mis hijos me ha dicho que le apetecía chocolate con churros, a lo que he respondido que me parecía muy buena idea. Pero lo primero era que los paseantes nos  quitáramos la ropa mojada, pues estábamos calados hasta las orejas, literalmente. No había un sitio seco, ni de ropa ni de piel.
Nos hemos dado una ducha y hemos tomado un chocolate con churros riquísimo que nos ha calentado y nos ha dejado como nuevos y preparados para otra nueva hazaña.  

Y ahora, sentada en la cocina, mientras termino de escribir esto, contemplo desde la ventana cómo la lluvia sigue cayendo de forma insistente, cómo el aire golpea los cristales mojándolos con las gotas de lluvia...cómo la noche acecha de forma rápida, haciendo compañía a esa lluvia que no tiene intención de parar. 
Este otoño le ha costado soltarse, caían unas gotas y paraba,...pero, este fin de semana se ha soltado y lo ha hecho con ganas, con fuerza, llenando los ríos, regando los campos,...y mojando a quien se atreve a salir y quiere formar parte de ella...
uxue 

domingo, 23 de octubre de 2011

Un paseo diferente...



Hoy el día se ha levantado claro, con viento del sur y una temperatura agradable que invitaba a pasear y disfrutar del aire puro y sano, al igual que del paisaje, que se mostraba limpio y  libre de nubes.

En el paseo de la mañana todo fue normal, salimos con los jerséis puestos, pues estos días atrás había refrescado bastante, pero a medida que avanzábamos en nuestro recorrido el sol nos calentaba y tuvimos que quitarnos el jersey. Mi compañero no quería quitárselo, le gusta llevarlo, pero al ver que yo  me lo he puesto en la cintura me ha dejado quitárselo y ha hecho el gesto para que se lo pusiera a él también en la cintura.
Así ha transcurrido el paseo sin contratiempos y  muy  tranquilo.

Por la tarde ha sido diferente…

El cielo se estaba nublando, el aire seguía persistente y la temperatura muy agradable.
No era necesario el jersey, porque hacía calor. Hice intención para salir sin ponérnoslo, pero no ha colado, él se ha ido a por el jersey y me señalaba para que se lo pusiera. Así que he cogido el mío y me lo he puesto en la cintura, así él también ha aceptado llevarlo en la cintura. 

Una pequeña concesión de cada uno, una nueva victoria para los dos.

Íbamos caminando como siempre:  parada en la fuente, cruzar la carretera por el mismo lugar y hemos llegado a un tramo que da a un polígono industrial,  libre de coches y muy tranquilo.

En ese tramo hemos visto a unos niños, de entre 8-10 años, uno llevaba a un perro con la correa y los otros le acompañaban.
Mi acompañante ha empezado con sus grititos que siempre da mientras paseamos. Los niños se han quedado mirando, una niña parecía algo asustada al no entender el porqué de ese ruido y ver que nos íbamos acercando hacia ellos. Ante estas situaciones les digo que anden tranquilos que no pasa nada. Mucho más no les puedo decir pues no comprenderían el motivo, así que sólo intento tranquilizarles, sin darle la mayor importancia.
Antes de decírselo a la niña uno de los niños se ha quedado rezagado,  llevaban un palo fino y desde atrás le ha pegado a mi hijo con él, le ha dado lo mismo que estuviera yo a su lado, no se ha cortado. No le ha hecho daño, pues llevaba el jersey en la cintura y le ha dado flojo,  pero ése no era el problema. Lo malo es el hecho, la intención de pegar a otra persona por el hecho de ser diferente a ellos y ante la incomprensión de lo que ven, reaccionan haciendo daño a los demás.
Cuando le he visto pegarle le he dicho que eso no se hace, apenas ha mirado ni escuchado.  El chico ha seguido adelante con una sonrisita y nosotros seguíamos nuestro camino.
Cuando miro hacia adelante veo a unos adultos que miraban hacia atrás. Intuí que serían los padres de los niños. Me  lo han confirmado y les he comentado lo que ha sucedido.
Les he dicho que no le ha hecho daño, pero que no está bien lo que ha hecho y que encima se ría.
El padre le ha llamado la atención bastante afectado y le ha dicho que pida perdón, a lo que yo he contestado que no se lo pidiera, pues mi hijo no lo iba a comprender, yo estaba bastante sensible en ese momento y no deseaba alargarlo más, quería seguir con el paseo y no darle más vueltas al asunto, ya que si lo alargaba sería más doloroso y eso era lo que no quería. 
Sólo quería que lo supieran para que le comente a su hijo y le ayude a reflexionar sobre lo que ha hecho y que no se debe pegar a nadie por ser diferente.

Con este tipo de situaciones me he encontrado en más de una ocasión. Sobre todo con niños que al no comprender lo que sucede reaccionan riéndose o, como en este caso, pegándole, ante los ruidos y los gestos diferentes. 
Y en esta caso   iba  de la mano con él.
Si no hubiera yo estado con él,… ¿qué habría hecho entonces el chiquillo?

Al cabo de tantos años conviviendo con esta situación y siendo consciente que puede darse en cualquier momento, podría haberme acostumbrado y dejarlo pasar. Pero una madre (o un padre), nunca se acostumbrará a que le hagan daño a su hijo, sobre todo cuando esta persona es más vulnerable que los demás.

Podría protegerle tanto a él como a mí del exterior, podríamos estar en casa encerrados como en una urna de cristal,…ahí es posible que nadie nos hiciera daño,…pero de esa forma nos perderíamos tantas cosas, sobre todo él, porque es quien más disfruta saliendo a la calle, tomando el autobús para ir al Centro de Día,  yendo a la piscina, corriendo a beber agua cuando ve la fuente, riendo, gritando y dando palmas,…y sobre todo…transmitiendo esa felicidad que se percibe  cuando se le mira y uno se contagia de su sonrisa.

Sé que habrá más situaciones como las de hoy, que habrá momentos en que uno se hace más consciente de las injusticias y las  debilidades  de uno mismo y de los demás.   Pero ésos son momentos que pasan y que a la vez nos hacen conscientes de la realidad y de lo que de veras nos importa.

Hoy, nuestro paseo fue diferente,…aunque ha sido duro,  ya está olvidado y mañana volveremos a salir con las mismas ganas e ilusión que siempre.


uxue  

El lugar que me rodea

El lugar que me rodea