(Uno de los caballos que se nos acercó mientras subíamos)
Hace quince días fuimos a la cruz de Ganalto, conocido también como "Gorbea Txiki". Se le llama así por la cruz que tiene que recuerda al Gorbea, pero es mucho más sencillo de subir, y las vistas también son espectaculares.
No tardamos más de
una hora en la subida y aún menos en la bajada.
En el camino nos
encontramos con caballos que se nos acercaban por si les echábamos algo de
comer. Más adelante vimos un grupo de vacas que comían tranquilamente, sin
inmutarse por el paso de la gente. Están acostumbradas a los montañeros, ahí
mucho respeto con respecto al lugar y a los animales que se ven en el
recorrido.
Los caminos están
limpios, no se ven ni papeles ni nada que altere el paisaje con suciedad que no
sea lo que hacen de manera natural los animales.
En el País Vasco hay mucha aficción al montañismo, por lo que es corriente ver esquelas dedicada a algún montañero, donde han esparcido allí mismo las cenizas y le hacen un pequeño homenaje.
(Esto es lo que ponía:“Un día el valle te
vio nacer y como tú quisiste desde aquí lo verás crecer”)
El buzón es muy original. Anduvimos investigando para saber cómo se habría y lo conseguimos, era a través de una palanca que ahí justo debajo.
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(Durante la subida...)
El pasado sábado la subida al monte fue bastante durilla.
Dejamos el coche en Larraitz, un lugar precioso de Gipuzkoa.
Allí tomamos algo para coger fuerzas y empezamos nuestra nueva hazaña.
Allí tomamos algo para coger fuerzas y empezamos nuestra nueva hazaña.
Mi hijo ya se ha
acostumbrado al cambio de rutina de los sábados y nada más salir del portal
tira hacia al coche, ve la mochila y sabe que vamos al monte.
En el coche suele
dormirse, como preparándose para el esfuerzo que le espera.
La primera parte de
la subida la hace en silencio, mirando hacia donde vamos para orientarse.
Cuando ve que se acerca la cima es cuando se anima y empieza con los gritos y
las palmas. Eso sí, si llegamos a una cima y queremos avanzar más ya no nos deja,
pues él piensa que ya es suficiente. Y eso nos sucedió en este monte, que
nos hubiera gustado haber ido hasta el Txindoki pero era ya bastante duro lo hecho hasta
el momento y no quisimos forzar más.
Esta vez nos conformamos con Llegar a la falda del Larrunari.
En otro momento iremos al Txindoki, pero sin él, ya que la subida final es bastante dura.
Esta vez nos conformamos con Llegar a la falda del Larrunari.
En otro momento iremos al Txindoki, pero sin él, ya que la subida final es bastante dura.
(En la falda donde ya nos sentamos a comer y prepararnos para la bajada....)
Esta vez entre subir
y bajar tardamos más de tres horas.
La bajada fue más
rápida que la subida pero no por ello sencilla, ya que la pendiente era acusada
en algunos tramos y con las piedras había que tener cuidado para no resbalar y
caer.
En el recorrido
vimos bastantes caballos, ovejas y vacas.
A la bajada vimos
una vaca que estaba echada muy tranquila cerca del camino. Le costaba respirar,
pero no porque estuviera mal, si no porque iba a parir y estaba dilatando.
Seguramente que en unas horas tendría al ternero, sola probablemente, ya que
están acostumbradas.
Me ha recordado
cuando fui a vivir al caserío que se ayudaba a que las vacas parieran para que
sufrieran menos y fuera más sencillo.
Yo, en más de una ocasión, ayudé a
tirar de la cuerda que le ponían al ternero en las patas, luego me quedaba
allí hasta que veía cómo cabeceaba el ternero, los intentos por levantarse y
que se caía a menudo, pero no dejaba en su empeño hasta que conseguía ponerse
en pie y luego iba en busca de su madre para mamar y ésta aprovechaba para
lamerle y limpiarle de los restos del parto.
En el trayecto vimos una fuente con grifo, el agua venía de las montañas y era fresca, por lo que los tres bebimos.Esta subida ha sido dura, pero mereció la pena, tanto por los paisajes como por el ejercicio realizado que nos ayuda a oxigenarnos y a disfrutar de ese lugar tan precioso.
Cada vez me gustan
más estas salidas y viendo que mi hijo disfruta y le viene bien, me hace mayor
ilusión por ver su cara de alegría, sobre todo cuando llegamos al merendero y
cómo espera ansioso su bocadillo de tortilla que tanto le gusta.
Dentro de quince
días pensaremos en otro monte, aquí hay muchos y tenemos para elegir.
Decidiremos en
función del tiempo, cogeremos nuestra mochila, prepararemos el bocata y
adelante con otra nueva aventura.
uxue
























