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martes, 2 de octubre de 2012

Un largo camino...

 
 
Hace unos días me regalaron una canción. Una canción especial, la desconocía y me gustó desde el primer momento que la escuché. Sobre todo por su significado y  por el detalle del regalo.
Una canción con un gran mensaje que nos da qué pensar.
Merece la pena escucharla, dejándose llevar por la voz de esta gran cantante y quedarnos con un mensaje positivo, de esperanza.
 
A menudo, los pequeños detalles son los que marcan la diferencia, haciendo que un día sea especial.
 
"Hay un largo camino y es difícil de andar,
pero siempre habrá alguien junto a ti, en el mismo lugar"
 
 

 
...Volar sin red, caminar sin red, cruzando la mar,
el espacio no es más que subir y subir y llegar más allá,
y este mundo puede ser mejor cuando mires a tu alrededor.
Hay un largo camino hacia la libertad,
pero vale la pena descubrir que se puede llegar.
Hay un largo camino y es difícil de andar,
pero siempre habrá alguien junto a ti, en el mismo lugar.
Recobrar lo perdido, cada cual con su fe,
sin fronteras ni miedos que romper, empezando otra vez.
Volar sin red, caminar sin red, cruzando la mar (cruzando la mar).
El espacio no es más que subir y subir y llegar más allá.
Ven a andar el camino donde estamos tú y yo,
intentando encontrar el amanecer de otro día mejor.
Recorre el camino, cada cual con su voz,
si te pones al paso avanzarás con la misma canción.
Es tan largo el camino (es tan largo el camino)
que te lleva hasta el sol (que te lleva hasta el sol),
si te fallan las fuerzas, llámame, seguiremos los dos.
 
(Paloma San Basilio)
 
 
 

lunes, 20 de agosto de 2012

Vivir el momento, sonriendo a la vida...



La semana pasada vine del pueblo, en el que estuve de vacaciones, sin la familia y con la curiosa compañía de una salamandra, que se asentó en mi casa antes de mi llegada, como queriéndome dar la bienvenida. Al principio me asusté, pero ahí la dejé, pues me dijeron que era buena para ahuyentar los mosquitos y arañas.

Necesitaba estas vacaciones, para poder desconectar de todo el ajetreo del año y descansar, que falta me hacía.

Cuando volví, tenía ganas de salir un rato de fiestas, de hacer algo diferente y aprovechar lo que queda de este verano caluroso, pero agradable.
Y qué mejor manera que yendo  a Bilbao a disfrutar de  su fiesta, su gente y el ambiente de risas y cantos, que nos ayudan a retomar después el duro año que nos espera.

El sábado por la tarde salió por primera vez, dando comienzo a las fiestas de la ciudad, “Marijaia“, un personaje ficticio, icono o símbolo de la semana grande de Bilbao.

Disfruté desde el primer momento, estuve con unos amigos y todos cantamos y bailamos al ritmo de una  música de hace más de cuarenta años y que tantos recuerdos nos trajeron.
También vimos los fuegos artificiales que eran espectaculares.

Ayer fui de nuevo a Bilbao, con los mismos amigos y con los padres de uno de ellos.
El hijo sabía cuánto le gustaban  a sus padres el conjunto que iba a cantar, “Los cincos bilbaínos”, y les llevó en coche hasta el lugar para que disfrutaran de ese momento tan especial.
El sitio  estaba preparado con sillas, pues sabían que iría mucha gente mayor, como así sucedió, se llenaron todas y habían mucha más gente de pie. Me impresionó mucho la vitalidad de la  madre del amigo, de 86 años, no se sentó en ningún momento y se ponía a bailar y seguir las canciones a medida que las iban cantando.
Era ella quien nos animaba a nosotros, a cantar y nos cogía del brazo para que bailáramos.
Había momentos en que nos hacía las mismas preguntas, como si olvidara algo,…sobre todo con cosas que habían sucedido hace poco, detalles recientes. En cambio, las letras de su juventud las recordaba perfectamente y las vivía con una alegría inmensa.
Me encantó sentirla tan alegre, ver cómo cantaba y nos miraba. Sus ojos eran pícaros y vivarachos, sonreía  muy a menudo y siempre estaba dispuesta a participar del jolgorio y la conversación que teníamos los demás.

Comimos en un lugar precioso, con las montañas como fondo, el tiempo maravilloso y la compañía de este matrimonio lo hacía aún más especial.
Cuando comimos nos pusimos a cantar,…hacía tiempo que yo no cantaba en plan de cuadrilla y una vez que empecé me animé y allá que participé con los demás.
Los padres del amigo también se animaron a cantar, la madre no paraba de reír y de mirarnos, y de vez en cuando nos soltaba alguna broma que nos hacía reír y sentirnos bien.

No recordaba haber pasado un día tan agradable en mucho tiempo, y sobre todo por esta pareja de ancianos que con su alegría y vitalidad me enseñaron una gran lección: 
Esa alegría interior que trasmiten con tanta fuerza dejan huella en quienes tienen la suerte de convivir con esta gente, de quienes disfrutan de un momento con ellos.
Yo tuve esa suerte, estuve con ellos,  disfruté, me emocioné y les admiré,…

La edad está dentro de cada uno…es cierto que los años hacen que la mente falle, que el cuerpo se resienta y se canse, pero la sonrisa, las ganas de  disfrutar cada momento,…la chispa  interior,…la que sale de dentro de cada uno,…ese momento no tiene edad y siempre estará ahí hasta que dejemos de existir,…


uxue...




"Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena".
(Ingmar Bergman)




lunes, 11 de junio de 2012

A la izquierda del roble...


El viernes fue la graduación de mi segundo hijo.
Salí temprano de casa, pues tenía más de dos horas de viaje y no quería llegar tarde.
A las 8:20 ya me fui a la estación del tren para dirigirme a Donosti, ya que la carrera la cursó en la Universidad de esa ciudad.

Cuando llego a la máquina para sacar el billete, me doy cuenta que apenas tengo lo justo para coger un billete de ida. 
Esa parada es un apeadero, sin taquillas con personal, sólo una máquina para los billetes.
El tren estaba por llegar y no tenía tiempo de buscar cambios en otro lugar.

Con los nervios de las prisas y del día  tan importante que sería,  no me di cuenta dónde ponía las monedas en la máquina. 
El caso es que las metí en la ranura equivocada y me quedé sin dinero, sin billete,…el tren ya llegaba y yo tenía que ir sí o sí a esa hora, pues si no me perdía la graduación,…y no pensaba perder esa oportunidad de compartir ese momento especial con mi hijo.

Así que, y sin tiempo a pensármelo dos veces, me fui al tren, sin dinero suelto, sin billetes y con los nervios a flor de piel.

El trayecto era de dos horas. Siempre que he ido a Donosti, y a la vuelta, en el tren ha pasado el inspector para ver los billetes. Por lo que imaginaba que ese día no sería diferente.

Me senté y saqué un librito de poemas de Mario Benedetti para pasar el tiempo. 
Cada dos por tres miraba a un lado y a otro esperando que entrara ese temido inspector, no sabía qué le diría, pues si le decía la verdad igual ni me creería,…pero es que no tenía otra razón más convincente que no fuera la verdad, aún a riesgo de que me tomara por boba de remate.

Entre mirada y mirada al vagón, entre espera y espera a un hombre que no llegaba, intentaba centrarme en la lectura del libro que tenía,…pero me costaba bastante, no era capaz de concentrarme,…

Cuando iba a cerrar el libro de poemas, veo uno que desconocía,…
Era largo,  vi cómo empezaba:

 ” No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes, pero el Jardín Botánico es un parque dormido...”

Ahí me paré un rato y seguí leyendo.

Entonces me olvidé del billete, del inspector y del momento que vendría después,…sólo me centré en lo que leía y que me enganchó desde el primer párrafo.

Lo volví a leer  un par de veces y cada vez me gustaba más. 
Le puse una marca para saber dónde estaba y poder ponerlo en mi blog.

Y pasó el tiempo, llegábamos a Donosti, y el inspector no pasaba.
 No podía creer la suerte que estaba teniendo, nunca me había sucedido algo así.

Hablo con mi hijo por teléfono desde el tren y se lo cuento. Él me responde que para salir de allí hay que meter el billete en otra ranura que abre a los laterales como unas puertas de cristal y dejan salir.
Puff!! ya imaginaba que no sería tan sencillo escabullirse sin dar explicaciones.

Salí del tren hacia la salida donde me esperaría mi hijo, todavía no había llegado, así que a la chica que iba delante de mí le dije que si no le importaba que saliera con ella a la vez. Ella metía el billete y salíamos juntas.
Ella me dijo que sí pero tenía que ser sincronizado, porque podríamos quedarnos las dos atrapadas sin poder salir.
No sé qué pensaría la chica, pero no me lo pregunté ni me puse a dar explicaciones de por qué no llevaba el billete. Sólo quería salir e ir a ver la graduación.
Al rato de salir vino mi hijo a buscarme y ya se estaba riendo de mí por lo sucedido y el despiste de su madre.

La graduación fue maravillosa, 
ni el contratiempo del billete pudo apagar la chispa e ilusión que sentía por ese momento.

Mi hijo me regaló la banda morada que le pusieron para la  graduación y que guardaré como recuerdo  de un día tan especial.
 

Cuando terminó ya iba de vuelta al tren de nuevo. Esta vez llevaba un billete que me dio mi hijo para que no me pasara lo mismo.
No podía estar más tiempo ya que me esperaba mi hijo mayor para el paseo de la tarde. 
Tenía más de dos horas de viaje  hasta llegar a casa de nuevo. 

Y sí, a la vuelta, pasó el inspector: alto, fuerte y muy serio, que no paraba de mirar mi billete, pues es con descuento por familia numerosa. Me pidió el carnet y DNI para comprobar que era yo, me miró en más de una ocasión y apenas se movía del lugar, pues aunque iba a otros vagones volvía al que yo estaba.
Será que sospechaba lo que había pasado a la ida?…
Será  el color morado de mi ropa que ese día me hacía diferente?…
Será mi cara de buena persona que tenía y de no ser capaz de viajar sin billete?...
Será, sobre todo, la cara de orgullo y felicidad que mostraba por lo que acababa de compartir con mi hijo?...

No lo sé,…puede que esto último sea lo que más le hizo quedarse en el vagón hasta que se bajó en su parada,…el caso es que libré a la ida, y a la vuelta ya no importaba que pasara o no el inspector…

Y, después de mi odisea del día y de mi gran suerte, quiero compartir aquí este gran poema de Benedetti que formó parte de ese día, algo loco, pero muy especial para mí.

uxue...
 

 

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo, a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico
  
 “ayer llegó el otoño
   el sol de otoño
   y me sentí feliz
   como hace mucho
   qué linda estás
   te quiero
   en mi sueño
   de noche
   se escuchan las bocinas
   el viento sobre el mar
   y sin embargo aquello
   también es el silencio
   mírame así
   te quiero
   yo trabajo con ganas
   hago números
   fichas
   discuto con cretinos
   me distraigo y blasfemo
   dame tu mano
   ahora
   ya lo sabés
   te quiero
   pienso a veces en Dios
   bueno no tantas veces
   no me gusta robar
   su tiempo
   y además está lejos
   vos estás a mi lado
   ahora mismo estoy triste
   estoy triste y te quiero
   ya pasarán las horas
   la calle como un río
   los árboles que ayudan
   el cielo
   los amigos
   y qué suerte
   te quiero
   hace mucho era niño
   hace mucho y qué importa
   el azar era simple
   como entrar en tus ojos
   dejame entrar
   te quiero
   menos mal que te quiero”. 


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puede ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico
   
“vos lo dijiste
   nuestro amor
   fue desde siempre un niño muerto
   sólo de a ratos parecía
   que iba a vivir
   que iba a vencernos
   pero los dos fuimos tan fuertes
   que lo dejamos sin su sangre
   sin su futuro
   sin su cielo
   un niño muerto
   sólo eso
   maravilloso y condenado
   quizá tuviera una sonrisa
   como la tuya
   dulce y honda
   quizá tuviera un alma triste
   como mi alma
   poca cosa
   quizá aprendiera con el tiempo
   a desplegarse
   a usar el mundo
   pero los niños que así vienen
   muertos de amor
   muertos de miedo
   tienen tan grande el corazón
   que se destruyen sin saberlo
   vos lo dijiste
   nuestro amor
   fue desde siempre un niño muerto
   y qué verdad dura y sin sombra
   qué verdad fácil y qué pena
   yo imaginaba que era un niño
   y era tan sólo un niño muerto
   ahora qué queda
   sólo queda
   medir la fe y que recordemos
   lo que pudimos haber sido
   para él
   que no pudo ser nuestro
   qué más
   acaso cuando llegue
   un veintitrés de abril y abismo
   vos donde estés
   llevale flores
   que yo también iré contigo”.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube ha resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble,
eternos y escondidos en la lluvia,
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.
Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

(Mario Benedetti
“A la izquierda del roble”)

martes, 1 de mayo de 2012

El valor de las palabras...



Hoy ha sido  un día cansado, doble paseo con el viento en contra y el sol que al final se atrevió a salir después de tantos días de lluvia.

Después de la cena me he sentado a descansar y leer un rato.
Cuando conecto el ordenador me he encontrado con una grata sorpresa, un regalo que me ha hecho una amiga por e-mail y  que comparto aquí con vosotros. 

Me ha emocionado el detalle, me ha emocionado el video y sobre todo el mensaje que nos deja...






"Cambia tus palabras, cambia tu mundo..."


miércoles, 22 de febrero de 2012

Tu risa...



Hoy, leyendo uno de los blogs que sigo, me he llevado una grata sorpresa.
Manuel, el creador del blog “Reflexiones” ha publicado varios poemas de Pablo Neruda, y entre ellos había uno, “Tu risa”,  que he recordado de una manera especial.
Este poema lo escuchaba siendo jovencita. Lo cantaban Olga Manzano y Manuel Picón.
Recuerdo cómo rebobinaba hacia atrás la canción del casete para volver a escucharla. 
En su momento me la aprendí, pero no ha sido hasta hoy que me he dado cuenta del verdadero significado de la canción.

Cada día  le doy mayor valor a la risa. Pienso que si riéramos más, si tomáramos la vida  con más alegría, viviríamos con menos stress y  mucho mejor.
Sé que hay momentos en los que no se puede reír aunque se quiera. 
No es cuestión de forzar una sonrisa sin ganas. Pero si la risa la vamos incorporando en nuestra vida de manera natural, seguro que cada vez nos costará menos hacerlo.
Yo lo intento siempre que puedo y me doy cuenta que cada vez me cuesta menos sonreír, me sale más espontáneo. 

Hablo por teléfono y río con quien me habla.
Miro la tele, y me veo sonriendo ante unas palabras dichas por un presentador, por un concursante,…por unos dibujos animados que me ayudan a pasarlo bien.
Paseando todos los días con mi hijo escucho la radio. Siempre acabo sonriendo por algo que dicen.  
 A menudo me cruzo con la gente y me ven reír, les saludo y sigo adelante, escuchando y disfrutando tanto de lo que escucho como del paisaje y de mi compañero de viaje que, aún sin  saber  por qué me río, me regala una sonrisa que tanto bien nos hace a los dos.

Hoy,  con su permiso y mi agradecimiento a Manu por hacerme recordar estos momentos, deseo compartir con quienes me leen este video que fue tan especial para mí y que cada vez que lo escucho me emociona.

uxue 



¡Si, y sólo entonces, recuerda que cuando la vida te presente mil razones para llorar, descubre que tienes mil y una razones para sonreír!

(P. Francisco Baena)


miércoles, 8 de febrero de 2012

El placer de compartir...




Estaba lista para apagar el ordenador y acostarme. Aprovechando las horas de sueño, pues  nunca sé cuando tocará despertarme, ya que  depende  de mi hijo,  que necesita pocas horas de sueño y suele despertarse muy temprano.

 Eran las diez de la noche,  cuando  sonó  el teléfono…

Imaginaba quién podría ser, no era la primera vez que llamaba a esa hora. Era una llamada esperada. 
La pantalla del teléfono lo confirmó, ponía su nombre...Era el preludio de una conversación entre amigos.
Respondí y me senté a la espera de una charla amena.

Al principio pensé que no se alargaría mucho. Hablábamos de cosas triviales: qué tal nos fue el día, qué hacíamos en ese momento,…

A la vez  que hablábamos me iba enterando de lo que hacía el Atlhétic de Bilbao  en el partido de vuelta de la copa  contra el Mirandés, pues mi oyente lo estaba viendo y me iba comentando las novedades.
Hacia una semana que sucedió lo mismo en el partido de ida y ya me esperaba que anoche se volvería a repetir.

Poco después de sentarme, apagué el ordenador para concentrarme en ese momento y  me relajé.



En vista de que la llamada se estaba alargando, y sentada  hacía fresco, me fui a la cama, al calor de las sábanas, a seguir disfrutando de la conversación. 
El fútbol formaba parte de nuestra charla, intercalándose de vez en cuando a medida que el resultado iba variando.

Pasado un tiempo  empezamos a profundizar con lo que decíamos. Se oía el partido como en un susurro, pero nuestra conversación seguía adelante de manera fluida y amena.

En más de una ocasión bromeábamos y luego venían las risas. Yo no quería sacar ruido para no despertar a nadie y amortiguaba mis risas  con las sábanas, pero no las reprimía.
 Me encantar reír, me gusta conversar por teléfono y sobre todo compartir con la otra persona una charla amena, agradable y sincera.


La conversación se fue profundizando, dejamos las trivialidades a un lado y hablamos de sentimientos, de lo que nos gusta,…de lo que de verdad importa.

Y ahí sí que disfruté. Ya no había risas, no había bromas. 
A partir de ese momento brotaron con fluidez las palabras, muchas palabras. Palabras con sentimiento, palabras que hablaban de ilusiones perdidas y renovadas,  palabras que hablaban de  momentos pasados y del momento presente… y, sobre todo palabras que transmitían ilusiones renovadas…, palabras de esperanza.

Cerca de las doce terminó el partido,…pero no nuestra conversación. El resultado fue de 6--2 a favor del Atlhetic. Los goles rompían de una manera curiosa  con nuestra charla, dándole un toque especial a lo que hablábamos.

Yo sabía que tenía pocas horas para dormir, pues me levanto a las 6:30, pero cuando uno está a gusto no hay horario que valga,…lo que cuenta es disfrutar de ese momento, de esa charla entre amigos.

Después de un tira y afloja entre cortar y seguir hablando, miramos el reloj del teléfono y vimos que habíamos estado hablando más de dos horas y cuarto....
Pufff!!! Cómo había pasado el tiempo!!!

Eran las 12:30  cuando al final decidimos cortar. Hubiéramos seguido toda la noche. Tan a gusto estábamos que queríamos prolongarlo al máximo,  deseando aprender más, reír más,…compartir más.


Me encanta hablar por teléfono cuando me siento a gusto con la persona que me habla. Escuchar reír y participar de sus bromas. 
Me gusta mucho compartir esos momentos con los amigos. 
 
Ayer fue uno de ellos. Un momento de alegría, de conocimiento mutuo,…de compartir, dando/recibiendo. 
Sin mayores pretensiones, sin expectativas por parte de ninguno,...sólo disfrutando de una conversación sincera, fresca y amena.

La amistad sin amor es posible. 
El amor sin amistad es  un amor pobre, que con el tiempo se agota y puede acabar muriendo...
La amistad con amor, cuando es compartido, es un privilegio del que disfrutan los afortunados.
...Y para aquellos que se permiten soñar







Y por si esa charla fuera poco. Hoy por la mañana me llevé de nuevo  una grata sorpresa de  otra persona que me llamó por primera vez.

Siempre respondo en euskera y a veces descoloco a quien me llama pues si no es de aquí puede no entenderlo. Hoy al responder en euskera alguien me pregunta “Uxue”? , me quedo en la duda, pues Uxue no es mi nombre real, y al principio no caigo. Pero de pronto dice mi nombre y enseguida me doy cuenta de quien me llamaba.
Es un seguidor de mi blog y yo del suyo, al que leo asiduamente.
En las últimas entradas nos cuenta las etapas que va recorriendo del Camino de Santiago.
Merece la pena leerle y disfrutar tanto de su recorrido como del paisaje que se ve a través de las fotos.

Él me ha invitado a hacer una etapa juntos y eso haremos en cuando ambos podamos, sólo nos queda concretar el día y el recorrido.

Esta conversación ha sido breve, pero no por ello menos importante. Una charla corta, amena y  con una nueva ilusión.


Dos llamadas diferentes de dos personas distintas. Dos motivos diferentes, y una palabra que las une..."compartir".

Hace frio, nieva afuera y en este momento, mirando a través de la ventana cómo cae la nieve y todo se pone blanco, pienso que tengo suerte,…pues hoy, de nuevo, mi día es especial.

Vivo el momento…hoy disfruto de éste.

uxue 


 
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque ésta es la hora y el mejor momento. 

(Mario Benedetti )

El lugar que me rodea

El lugar que me rodea